Esta es la primera de las arias del tenor (Calaf) que le canta a su esclava Liù, rogándole que siempre proteja a su padre, el exiliado rey Timur.
Es un aria melódicamente hermosísima y de puro bel canto. En ella Puccini prescinde de la grandiosa orquestación y, muy suavemente, acompañado de la orquesta, deja vía libre a la voz del tenor para que se exprese con toda la dulzura que requiere el texto. Grandísimo, el maestro Puccini.